Slow Fashion Next Series #3 | Where you come from, where you’re going

(English)

This week we will continue a series of posts as part of our collaboration with Slow Fashion Next Spain. Periodically we’ll share interesting thoughts of Mikel Feijoo Elzo, our founder, regarding sustainability within the fashion industry. This week the discussion covers the role of China within the fashion industry and its repercussions for the country itself and for the world.

China is an interesting topic, but to understand what it means for the fashion industry, the country itself and the world, we’ll need much more than a blog post. I feel that I’d like to write numerous posts in this regard.

China has a bad reputation earned with merit, one must say. It is an enormous creature that mutates constantly, I’ve witness this process of change for the past 14 years while going back and forth, a dramatic change that in my opinion surpases the one seen in Europe in the last 30 years.

My relationship with China is one of love and hate, sometimes contempt, but never indifference.

I better begin to tell the story of my trip to China so I can explain where did we start feeling worried about sustainability, about our impact and responsibility, and at the same time to portray the immense changes that this country has gone through in the past years.

I arrived to China motivated with an accessory line that I had in mind, the objective was to find the right supplier to create it. I entered to the country through Hong Kong,consider as the main door between Orient and Occident.

If Hong Kong was already impressive, Continental China and the Popular Republic was for me a parallel world. It was 2003. In many areas at the time you could feel the intense gaze of the locals, for them I was a lao wei, or as it is saied in cantonese mouw chou. (white ghost).

I didn’t understand how could there be hours and hours of traffic jams in bumpy roads, hundreds of factories, apartments, astronomical and chaotic cities, vegetable gardens everywhere, filthiness and pollution, all through the same land. It was shocking. At that moment I was already at the delta of the Pearl River, at the province of Guangdong which has approximately 100 million inhabitants, it’s a huge factory.

The curiosity and fascination for this new and undiscovered culture was stronger than the desire to go back home. As I think about it, I got into fashion to travel and to have a good time while doing it. I had a challenge despite the fear I felt for my own life every time I got into a car in China, you can’t imagine the situations I went through. One time, I remember taking a motorbike helmet on a car ride because the driver was out of his mind, he didn’t care to go in reverse on a highway, or to overtake another car without any visibility.Welcome to the wild east!

Later in 2004, as unexpectedly as you can ever imagine, I met in Paris the one that will be a key suppliers for Skunkfunk in the following years. With us they went from doing basic trousers to work on complex patterns. On our side, we learned lots about industrial production, Chinese culture and China, as well as to love their food and to drink and appreciate green tea.

Such alliance gave us the tranquility to have a reliable supplier able to cope with part of the production, in case the other suppliers weren’t able to deliver. In the textile industry there’s always production issues, in China there are even more.

Within time they gave us open credit, but after pushing and pushing towards the implementation of more sustainable practices we decided to leave them behind and find new travel companions.

The shock was in 2003 at their factory in the province of Fujian. Surely after one of those endless meetings discussing price (the old Chinese technique where you go in circles and just give up of boredom). Was right there when I saw polluted water in shades of green and blue  coming out from the factory towards the rice crops.  I was furious, I couldn’t comprehend what was happening and most of all their reaction. They said “it isn’t illegal” and then touch their bellies. I realize then that we ate that polluted rice at the restaurant, as well as the fish near the coast…

It was as well our responsibility. The pointing finger changed its direction.

At the end and despite the pleasant human connection we felt with them, their technique of delaying and lack of transparency made us reconsider our alliance with them.

Their organic cotton certifications were incomprehensible and not precisely because they were in chinese, but because it wasn’t impossible to advance with them as we doing so with the other suppliers.

There we understood what matters is how is produced and not where.

To be continued…

 

(Castellano)

CHINA, de dónde vienes, a dónde vas…

China es un tema interesante, mucho. Pero es un tema que requiere no solo un post para que se pueda entender lo que supone para la industria de la moda, para el planeta y para ella misma. Creo que me gustaría poder escribir varias entradas con China como sujeto.

China tiene un problema de imagen, ganada a pulso, todo hay que decirlo. Pero China es un sujeto enorme, mutante, que en los 14 años que llevo yendo ha cambiado mas que mi Europa en estos treinta y muchos años que llevo aquí con uso de razón. Los otros no cuento.

Mi relación con China es de amor y odio. A veces de desprecio, pero nunca de indiferencia.

Creo que voy a empezar a contar la historia de mi viaje a China para ir explicando donde comenzó nuestra preocupación por la sostenibilidad, sobre nuestro impacto y su responsabilidad, a la vez que intento reflejar los cambios que hemos vivido en ese inmenso país…

Llegué a la búsqueda de un lugar en los que realizar la línea de accesorios que teníamos en mente, y entré por Hong Kong, la puerta a China desde occidente tal y como se le llamaba.

Si Hong Kong ya es impresionante, la China continental, la república Popular era otro mundo. Hablamos del 2003. En muchas zonas todavía se daban la vuelta y te observaban sin recato cuando veían un lao wei, o como dicen los de habla cantonesa, mouw chou, fantasma blanco.

Yo no entendía como podía haber horas y horas de auto en un sinfín de fábricas, viviendas, calles (muchas de ellas entonces sin asfaltar), ciudades enormes, desordenadas, con huertos por cualquier parte, suciedad y polución. Fue un shock. Había entrado en el delta del Pearl River, la provincia de Guangdong, 100 millones de habitantes, una inmensa fábrica.

La curiosidad y fascinación por un nuevo mundo desconocido de cultura tan diferente fue más fuerte que las ganas de salir y no volver a un sitio así. Me metí en esto de la moda para viajar y pasarlo bien. Ahí tenía un reto pese a temer por mi vida cada vez que me subía a un coche, vaya situaciones. Una vez de broma llevamos un casco de moto para ponernos en el coche dada la imposibilidad de hacernos entender con el chófer de la fábrica a donde solíamos ir. Le daba igual dar marcha atrás en autopistas, encontrarse de frente con un tractor con las luces apagadas o adelantar sin visibilidad alguna. Welcome to the wild east!

En el año 2004, conocí de una manera un tanto casual y en París, a los que luego serían un proveedor clave durante años. Con Skunkfunk pasaron de hacer pantalones de pinzas por millares a trabajar patrones difíciles, a hacer mucho negocio con nosotros. Nosotros a aprender mucho de producción industrial, de China y los chinos. A amar su comida y beber té verde.

A nosotros nos dio la oportunidad de tener una base para tener asegurada una producción fiable. Contar con ellos nos salvó de quedarnos sin una parte de producción cuando había problemas con otros. En Textil siempre hay problemas en producción, en China aún más.

Con el tiempo nos llegaron a financiar, pero al final los tuvimos que dejar porque tras años empujando para que tomaran el camino hacia una producción más sostenible no lo conseguimos y decidimos que teníamos que cambiar a esos compañeros de viaje.

Fue en su fábrica en la provincia de Fujian que tuve un shock en el 2003 cuando vi, seguramente tras una de esas reuniones de horas discutiendo sobre precios (la técnica china de darle vueltas a las cosas hasta que te rindes por aburrimiento) que vi salir de la fábrica el agua a las acequias, primero verde, luego azul. Monté una bronca enorme. Mis chinos no comprendían, no había problema con la ley decían, ni con los arrozales a donde iban a parar esas aguas. Se tocaban la panza satisfechos. Ahí me di cuenta que esas prendas que estaban tintando eran nuestras prendas. Y que el arroz que comíamos en la cantina podía ser de ahí mismo. Como el pescado de la costa de al lado…

También era nuestra responsabilidad. El dedo acusador cambiaba de dirección.

Al final, su técnica china de dilación, de poca transparencia, de esperar a que nos fuéramos y hasta la próxima visita gracias para seguir haciendo las cosas igual, hizo que, con pesar por la buena relación humana, dejáramos de trabajar con ellos.

Sus certificados de algodón orgánico eran incomprensibles y no porque estuvieran en chino. No había manera de avanzar con ellos tal y como lo estábamos con otros. China estaba cambiando pero ellos no.

Ahí es donde creo que entendimos que era mas importante el como se producía que el donde.

Continuará…

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